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Hola a todos\as.
Os dejo el relato de un sueño que tubo mi amigo de la web Alcal. Espero que os guste y os mojeis tanto como lo hice yo. Os animo a todos a mandarme vuestros relatos eróticos para estrenar esta nueva sección de mi web.
Besitos de vuestra zorrita Maeba.
Estaba sentado en el banco de un parque a determinadas horas de la tarde, casi anocheciendo. Había quedado contigo para tener un primer contacto y sólo sabía cómo irías vestida tú. Tras algo de espera vi acercarse una mujer bastante atractiva y con un vestuario muy provocador. Un top blanco con tirantes cortos, una faldita que cuyo nombre dice era tal cual, y unas botas de color claro. El conjunto imponía y era tal cual dije que te pusieras, y te venía bordado. Ya llegaste a mi altura y nos reconocimos enseguida con una breve presentación de cada uno y una buena observación por parte mía de todo tu cuerpo, el cual se veía imponente bajo esas ropas tan ajustadas, sobre todo esos pechos turgentes que aparentaban en ese escote tan pronunciado.
Nos dirigimos hacia el coche y conforme andabas veía el subir y bajar de tus senos a cada paso que dabas, como si de una danza se tratara, dejando mis ojos plasmados en los mismos y con ganas de agarrarlos firmemente, que decir de tu trasero, apretado contra la falda y con esos andares hacía que tu cintura y culito se vieran más en relieve, como queriendo calcar lo que el interior guardaba. Toda esa fotografía en movimiento hacía que algo de lívido saliera de dentro de mi.
Tras algo de caminata llegamos al coche y nos dirigimos ha un hotel, algo apartado de la ciudad, cerca de la playa. Durante el trayecto hacia el mismo ya empezabas a insinuarte tocándome la entrepierna y subiendo hacia arriba hasta donde terminaba la palabra pierna, y en cada semáforo presionabas con tus dedos lo que abultaba el pantalón haciendo en mi las delicias, ya en próximos semáforos continué tu labor pero en tu entrepierna, subiendo los dedos desde tu entrepierna con la yemas de los dedos, hasta donde empezaba tu tanga, presionando esta zona con cuidado y volviendo a bajar por la otra pierna hasta la rodilla, como si de un rodeo por tus piernas se tratara. Se ve que esos movimientos te gustaban pues tu cara lo decía todo, mordiéndote los labios y sacando la lengua hacia arriba. Fueron varios semáforos en este estilo, y el calor fue subiendo en ambos, algo de escalofríos con una mezcla de nerviosismo se sentía en el ambiente. Llegados al hotel, subimos por las escaleras, ya agarrados de la mano y tu ligeramente por delante mía, guiándome hacia la habitación que se había alquilado para el momento. Se cerró la puerta y el primer instinto fue el de agarrarte la cintura y apoyarte contra la pared mientras te empezaba a besar, recorrer mi lengua hacia el interior de la tuya y jugar largo rato con la tuya mientras mis manos subían de la cintura al ombligo y de allí a tus senos, moviéndolos y apretándolos fuerte para notar toda su superficie, todo su tacto, los quería todos conmigo y el besar se hizo más intenso conforme acariciaba tus pechos firmes. Mi lengua paró de jugar y empecé a darte mordiscos en la comisura de tus labios conjuntamente con mis manos acariciando la parte superior de tus senos y acariciándolos si llegar a destaparlos. Te sentías genial y te dejabas llevar por mi y mis manos, te di la vuelta contra la pared y empecé a besar tu cuello, tu oreja, la mordí, bajé por el lóbulo hasta la nuca y seguí besando mientras tus pechos se aplastaban contra la pared y acariciaba los laterales haciéndote sentir genial en esa posición.
Te volví de nuevo y agarré tu mano para dirigirnos a la cama, te quité la falda, las botas, y el top y te quedaste únicamente en tanga, de color blanco. Vi tu hermoso cuerpo y me entraron ganas de muchas cosas, pero era tu momento así que te tumbé boca abajo, me quité la ropa hasta estar en slips, y comencé a darte un masaje erótico. Pasé mis manos por tus hombros, tu nuca, bajando lentamente con las yemas de mis dedos hasta la gomita del tanga, subiendo de nuevo hacia arriba, esta vez acompañados de besos sobre tu espalda si dejar de acariciarte la espalda, los laterales de los senos muy lentamente y con mis dedos, haciéndote temblar de placer y bajando nuevamente hasta la goma, pasándola y acariciando tu trasero, recorriendo toda su superficie y bajando aun más hasta la entrepierna con ambas manos a cada pierna acariciando y besándolas haciéndote subir el lívido muchísimo. Querías darte la vuelta pero yo te decía que aun te quedaba masaje, quería que te pusieras muy caliente y evitar que tus ganas acabaran con esa calentura. De mis labios pasó ahora mi cuerpo que acariciaba el tuyo mientras mi lengua recorría cada milímetro de tu espalda, tu trasero, los laterales de tus senos, oprimidos contra la cama, también acariciaba tu pelo muy suavemente mientras mis labios subían de nuevo hasta tu nuca. Mis manos apretaron más contra tu espalda sentándome encima de ti e impidiéndote que te movieras mientras te acariciaba y tus gemidos empezaban a sentirse contra la almohada tapándote ligeramente la boca.
Después de unos minutos interminables te di la vuelta y el masaje fue ya cara a cara, acariciándote entera mientras tus ojos no dejaban de mirar los míos deseosos. Bajé la cabeza para besarte lentamente mientras mis manos masajeaban tus senos durante largo rato, bajaban por la cintura y acababan en tu tanguita, apartándolo para recorrer con mis dedos la zona que más te gustaba que te acariciara. Monté mis dedos contra tu tanguita y presioné girándolos en círculos contra tu cuerpo. Los deditos jugaban y se metían y salían lentamente con mi boca saboreando tus pechos recorriendo tus pezoncitos, poniéndotelos duritos y mordisqueándolos mientras te agitabas sobre la cama de un lado a otro empezando a gemir ya más fuerte. Tras largo tiempo saboreando tus senos bajé a la altura del tanga lo retiré ligeramente y con mis labios empecé a saborear el dulce néctar de tu interior, muy lentamente bajando y subiendo la lengua en toda la superficie del mismo solo superficialmente rozando con la puntita el clítoris y bajando de nuevo en un compás lento pero sin pausa. Lo separé con mis dedos y lo rodeé con mi lengua en círculos, haciéndote gozar de buena manera tumbada en la cama boca arriba. De vez en cuando el dedo se metía en tu interior y jugaba conjuntamente con mi lengua haciéndote tambalear de un lado a otro mientras con la otra mano sujetaba tus firmes pechos y acariciaba el pezón y lo pellizcaba ligeramente sin hacer daño y causando fuerte conmociones en tu rostro del placer que recibías. Tras largo recorrido por tu zona erógena, cogí una manzana que había cogido de la nevera, estaba fría y húmeda, la agité un poco con mis manos y la puse sobre tu vagina, seguidamente la fui moviendo de arriba abajo rozando toda su superficie fria contra la misma y presionando ligeramente para que sintieras dicha presión y como la superficie de la manzana se deslizaba fría y húmeda por tu zona, haciéndote temblar de placer y empezando a emitir pequeños gritos de placer que se juntaban con gemidos en la habitación del hotel. Los movimientos de la manzana se fueron acelerando cada vez más, sentías toda la presión y humedad sobre ti y un gran gemido dio a conocer un gran orgasmo que tuviste en el momento que la manzana llego hasta tu clítoris, y se detuvo allí largo tiempo hasta que en un tiempo no muy lejano otro gemido delató el placer que estabas sintiendo en ese momento y el que se había acumulado durante toda la sesión que esa noche llevabas.
Tras ese juego erótico con la manzana la retiré y acaricié todo tu cuerpo, explorándolo de nuevo, mi pene estaba erecto, ya que de producirte placer se había excitado algo. Te incorporaste ligeramente y lo cogiste con tu mano izquierda mientras tus labios arremetieron contra la punta, salivándola en exceso y llevándotela a la boca lentamente, introduciéndola en tu boca y metiéndola cada vez más adentro, presionando ligeramente tus labios contra ella y aprisionándola dentro durante varios segundos mientras con mi mano agarraba tu pelo. Mientras se introducía en tu boca lo acompañabas con la mano, estirándola hacia atrás e introduciendo mi pene seguidamente en un movimiento continuo que me fascinaba. El ritmo empezó a acelerarse y los movimientos hacia tu boca fueron incensantes y más rápidos cada vez. Mis manos sujetaban con fuerza tu pelo y en ocasiones acompañaban el movimiento hacia tu boca, tus manos se separaron de mi pene y fue tu boca junto con mis manos en tu cabeza quien realizaba los movimientos hacia tu boca. La sensación se hizo cada vez más caliente y mis ganas de hacerte el amor crecieron. Te tumbé boca arriba e introduje mi pene dentro de ti lentamente, para seguidamente empujar poco a poco hasta que estuvo dentro del todo, una vez allí empecé a ejercer movimientos de mi cintura contra tu cuerpo muy despacito, para que notaras como entraba y salía de tu interior. Las penetraciones se acompañaban de besos en tus labios y caricias por tu cuerpo, tus senos, tu entrepierna. El movimiento era lento, pero en ocasiones hacía cambios de ritmo sin aviso que te sorprendían gratamente. Tras un tiempo en esta posición te levanté y me puse debajo de ti mientras te movías sobre mi también muy lentamente dejando pasar el tiempo, agarrando tus senos, acariciándolos, besándolos cogiendo tu cintura contra mi y empujando, dándote pequeños azotes mientras se introducía mi pene en ti y estirando tu pelo hacia atrás con mis manos mientras empujaba ya a más ritmo y te oía gozar y llevar la iniciativa agarrándome de las manos contra la almohada. Tras algo de tiempo en la posición te incorporé y te puse sobre la cama a cuatro patas mirando al cabecero de la cama. Acaricié tu trasero con las yemas de los dedos y tus pechos, introduje seguidamente mi pene y agarré tu cintura con fuerza mientras arremetía contra ti introduciendo y sacando mi pene lentamente pero con fuerza hacia ti. Mis manos se debatían entre tocar tus pechos y tu cintura, además de pegarte pequeños azotes en el culito que te volvían loca mientras lo hacíamos. El ambiente se caldeó muchísimo y tus gemidos se oían en toda la habitación conjuntamente con la respiración de ambos que conjuntaban con cada penetración que te daba, muy lentamente pero sintiéndola con mis caricias. Después de un tiempo agarré tus manos hacia atrás y empecé a darte más fuerte acompañándome de tus manos que agarraba con fuerza para que sintieras más mis penetraciones, cada vez más violentas en un frenesí final que te encantó. Ya empezaba a notar como subía por mi interior el líquido de mi ser en una explosión de placer, pero antes de que finalizara saqué el pene de tu interior y lo puse contra tu espalda, bañándote de mi toda ella y sintiendo el calor del mismo en la fría noche.
Tras unos minutos sin decir nada, nos tumbamos en la cama uno abrazado al otro pensando en lo excitante que había resultado la velada, llena de morbo y erotismo que allí tumbados en la cama terminaba.